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17 Agosto 2017, 15:36
Actualidad

Economía de nuevos plásticos

31 Marzo 2017

Gonzalo Muñoz, gerente general de TRICICLOS,

La naturaleza organiza los elementos y compuestos de una determinada forma. Y los seres humanos hemos tenido la audacia de alterar esos patrones para así generar desarrollo y progreso. Hemos extraído partículas que la naturaleza ha destinado principalmente a las profundidades, y les hemos dado un uso que termina llevándolos a la superficie y a la atmósfera. En principio eso podría sonar inofensivo e inocuo. Uno de esos recursos son los combustibles fósiles, que nos han permitido obtener energía y productos como los plásticos, con los cuales se generan elementos durables y otros desechables. Entre estos últimos están los embalajes plásticos, los cual han permitido mejorar la calidad y disponibilidad de diversos tipos de artículos.

Durante casi medio siglo los embalajes plásticos fueron asociados a bienestar, progreso, calidad y conveniencia. Pero en los últimos años se han ido evidenciando y potenciando errores que no fueron considerados en el inicio de esa industria. Es el perfecto caso en el cual los productos están errados “por diseño”. Puede que los errores no se perciban cuando la cantidad de producto es poca, pero en la medida que se masifica, globaliza y acumula, nos enfrentamos el severo problema de la finitud de nuestro ecosistema único llamado Planeta Tierra. Ya quisiéramos que fuera infinito o que tuviéramos varios planetas al alcance de la mano como para que postergar la solución sea una alternativa (o de un viaje factible de realizar en el tiempo que tenemos de vida). Lo que estamos enfrentando es una de las consecuencias de una economía lineal (extracción – producción – comercialización – consumo – descarte) que urgentemente debe migrar hacia una economía circular como la que propone la Ellen MacArthur Foundation y de la cual somos parte en TriCiclos a través de diversos programas globales.

Actualmente existen aproximadamente 320 millones de toneladas de plástico en el ambiente, los cuales están circulando entre 4 opciones: o están dispuestos en rellenos, basurales y vertederos; o están en los océanos y otras fuentes de agua una tasa aproximada de 1 tonelada de plásticos por cada 4 toneladas de peces; o fueron incinerados y pasaron a carbonizar la atmosfera¸ o bien están siendo reusados, reparados y reciclados. Al ritmo que vamos, el 2050 vamos a tener 1 tonelada de plástico en los océanos por cada tonelada de peces. Si bien los primeros productos plásticos (durables) fueron fabricados a principios del siglo pasado, cuando mis padres nacieron se estima que había unas 10 millones de toneladas de plástico en el mundo. Cuando yo nací eran aproximadamente 40 millones de toneladas.

Durante la reunión del World Economic Forum de Davos 2016, en un trabajo liderado por la Ellen MacArthur Foundation y McKinsey, los miembros de equipo de trabajo hicimos entrega a Jefes de Estado y altos ejecutivos de multinacionales, del documento “Rethinking the future of plastics” basado en las graves consecuencias ligadas a la contaminación de elementos plásticos en los océanos, suelos e incluso aire, cuando los plásticos son incinerados. En Davos 2017 acabamos de entregar el primer informe de “New Plastics Economy”, donde mostramos algunas de las principales líneas de acción que deberán tomarse al respecto a nivel empresarial y gubernamental. Al menos 30% de los embalajes usados actualmente deben cambiar radicalmente, mientras 20% de los envases plásticos actuales necesitan sufrir cambios en sus modelos de negocios. Para el 50% restante tenemos que hacer esfuerzos relevantes que permitan aumentar las tasas de reciclaje. Los puntos limpios son uno de los pocos lugares donde ciudadano y empresario pueden comprender en cuál categoría se encuentra un determinado envase plástico.

Es preciso entender este problema producto por producto, porque pretender simplificarlo sólo agrava y perpetúa un problema que debe resolverse de forma urgente. Los plásticos son mucho más complicados de entender que una simple botella de bebida o una bolsa.

En lo que se refiere a la ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor), no corresponde suponer que reciclar un material diferente del que se coloca en el mercado tiene un impacto equivalente, porque justamente hay plásticos muy fáciles de reciclar, y otros imposibles de ello. Si lo que quisiéramos es aumentar las tasas de reciclaje de plástico PET, no necesitaríamos una ley de reciclaje. Bastaría con herramientas de fomento productivo para fortalecer dinámicas de mercado existentes. Justamente la ley se requiere para que se ecodiseñen envases de plásticos no reciclables, y que a su vez se aumente el reciclaje de plásticos que tiene problemas de calidad y económicos, evitando que terminen en un vertedero. El cuerpo de la ley obliga a que las empresas informen cuantos residuos colocan en el mercado, y se responsabilicen de cumplir metas de recuperación para el reciclaje de estos, incentivando de esa forma el que las empresas cuestionen sus embalajes, los reduzcan en gramaje y ecodiseñen para minimizar el impacto. Se espera por lo tanto que la industria asimile la palabra responsabilidad y de esa forma que cada uno responda por los materiales de sus envases y no quiera responsabilizarse por los del vecino. Ya no puede dar lo mismo si mis envases son los que siempre se van en el camión de la basura. Se requiere inteligencia, coraje y responsabilidad.

 

Tiempos de cambio

En el pasado, la contaminación generada por los envases pudo “pasar piola”. Ahora llegó el momento de hacerse cargo. Si la ley REP no logra forzar ese cambio en Chile, lo hará la lógica línea de trabajo a nivel global que estamos llevando para favorecer una industria donde el plástico o es parte de un bien durable, o es 100% reciclable en cualquier lugar del mundo.

Necesitamos catalizar la innovación en ese 30% de embalajes que presentan serias fallas de diseño. Son materiales que no tienen destino diferente a convertirse en contaminantes. Cuando se diseñaron inicialmente, sólo se perseguía que cumplieran con una o más funciones como contenedores de un determinado elemento (preservación, inocuidad, resistencia, etc) , y que aportaran atributos de marketing (look&feel, comunicación, promoción, etc). Durante algún tiempo, enterrarlos no parecía ser un problema. Hoy en día son pocos los defensores de los rellenos sanitarios como solución sustentable para la creciente cantidad de elementos que están diseñados de manera lineal, y por lo tanto no existe una alternativa que no sea el que se conviertan en basura.

Durante un tiempo, una de las alternativas esgrimidas era quemar esos residuos. Incluso incinerarlos para convertirlos en energía. Actualmente, los mismos países y municipios que resolvieron el problema de los residuos “haciéndolos desaparecer” o valorándolos energéticamente, están necesitando disminuir sus emisiones dados los acuerdos de la COP21. Lo que antes fue una “brillante” solución, hoy es un doble problema; deben disminuir la cantidad de emisiones atmosféricas (por lo tanto encontrar una nueva fuente de energía que no contribuya al calentamiento global), y deben aprender a consumir sin generar esa enorme cantidad de elementos sin solución.

El 20% de los embalajes plásticos es basura que se genera principalmente a partir de modelos de negocios que requieren ser repensados. En muchos casos los residuos plásticos se generan como consecuencia de un modelo de servicios y conveniencia del consumidor, sin tomar en consideración el impacto negativo y la externalidad asociada a los residuos. Necesitamos repensar esos modelos de negocios para permitir que estos evolucionen hacia modelos donde el costo del impacto ambiental total está integrado al valor del producto, de forma tal que se viabilicen modelos circulares, donde los productos están diseñados para reincorporarse ya sea en ciclos técnicos o biológicos.

Por último, debemos fortalecer las tasas de reciclaje en el 50% restante de materiales que no tienen mayores dificultades técnicas para ser reciclados.

Esto implica que la industria del plástico y embalajes deberá reinventarse. Las marcas que usan esos empaques deberán crear demanda para nuevos materiales, y comunicar esos atributos a los consumidores, generando una nueva cultura de consumo donde los niveles de contaminación sean conocidos y evitados por toda la cadena.

 

 

Primer paso: identificar el problema

El primer paso es entender este problema y la relevancia que las marcas conozcan y se responsabilicen del impacto negativo que tienen los embalajes en el ambiente. Eso es lo que exige la ley REP. Se espera entonces que las marcas comiencen a medir los kilos que colocan en el mercado, a qué tipo de materiales corresponden, se analicen los embalajes que no son reciclables, y se reporte un porcentaje de recuperación de estos materiales para cadenas de reciclaje.

Una noticia como esta genera evidente resistencia de diversos actores. Y las resistencias se están expresando principalmente por cuatro vías.

La primera es de quienes no logran entender por qué el envase que tantas ventajas y atributos ha otorgado, ahora se convierte en un problema. Suelen decir que el problema de la basura es de los municipios y no de quienes venden un producto con plástico descartable.

Después están los que declaran entender la responsabilidad y relevancia del problema, pero quieren simplificar su responsabilidad reportando con cualquier material fácil de recuperar. Por absurdo que parezca, hay productores que colocan en el mercado un material X (no reciclable) y quieren que se les permita reportar la recolección y reciclaje de un material Y (altamente reciclable). Con eso pretenden evadir la responsabilidad de tener que rediseñar sus envases o modelos de negocios. Es como si una persona cometiera una infracción y solicitara ser juzgada por otra falta de menor gravedad.

También hay quienes siguen bogando por la incineración como la solución al problema de la basura, tal como lo hicieron durante años algunos países desarrollados. Ese es el camino fácil y errado ya que necesariamente afectaría las emisiones totales que como país debemos reducir para cumplir con los objetivos planteados en Paris, y requeriría una inversión altísima, muy compleja y costosa de revertir.

Y en ese sentido, otro error es pensar que podemos resolver este problema complejo entregando todos los materiales mezclados para que luego una máquina o un grupo de personas los seleccionen. Esos mecanismos han demostrado en todo el mundo la alta ineficacia en capturar los materiales más complejos (por tamaño y composición) y sólo se complementan con sistemas de vertederos o incineradores. Pero sobre todo esos modelos impiden que la sociedad evolucione en el cuestionamiento y perfeccionamiento de las herramientas que se usan para embalar. Esa postura por lo tanto es propia de quien tiene intereses en que las cosas no cambien. Lo entiendo, pero es inaceptable. No es aceptable que se le diga a la sociedad que un material seguirá usándose porque aún no hay escala para los materiales más sustentables. O que no se va a cambiar a un material reciclable porque no se ve tan lindo en la góndola del supermercado.

Si usted piensa de esa forma, usted es parte del problema actual, y el mundo le está pidiendo que evolucione ahora.

Algo que me sorprende es la gente que dice que un modelo ideal como el que estamos proponiendo no ha funcionado en ningún país del mundo. Esa es una obviedad que en nada altera el objetivo. De lo que estamos hablando es de innovar y definitivamente hacer bien las cosas. Y para que podamos innovar necesitamos hacer cosas diferentes; lo cual también genera resistencia. The New Plastics Economy es un documento innovador que dará luces a nivel global sobre las transformaciones que deberán realizarse urgentemente en el ánimo de liberar el planeta de elementos contaminantes plásticos en la tierra, aire y aguas.


 

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