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Gobierno inicia discusión que fijará metas de envases y embalajes, el corazón de la Ley REP

Hace algunos días comenzó a sesionar el comité operativo ampliado convocado por Medio Ambiente, que reúne a todos los actores del sistema, para empezar a definir la implementación de uno de los productos más complejos de la Ley de Reciclaje, y su aterrizaje formal en la calle y en la ciudadanía. El fomento a la retornabilidad aparece como factor clave, y también lograr que las personas se incorporen de forma masiva al sistema.

16-11-2018
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Este lunes 5 de noviembre, la Ley de Reciclaje inició un proceso clave para su implementación definitiva: comenzó a sesionar el comité operativo ampliado convocado por el Ministerio del Medio Ambiente (MMA) para establecer las metas de recolección y valorización del sector envases y embalajes, que reúne a todos los actores del sistema para empezar a definir su implementación, entre ellos el gobierno, alcaldes, la industria, organizaciones de consumidores y de reciclaje, entre otros.
En una reunión de dos horas y media, ayer se expusieron de manera introductoria algunos temas, entre ellos si además de la recolección domiciliaria se contemplaría o no la recolección industrial (comercio e industria). Esta instancia es el inicio formal de la discusión en esta materia, la que deberá concluir con la entrega de un anteproyecto del decreto que fijará las metas en marzo del próximo año.

Aunque la implementación de la ley ya tuvo su primer paso, cuando el MMA publicó el anteproyecto del decreto que fija una meta de recolección a los productores de neumáticos a partir del año 2021, será la regulación al sector de envases y embalajes la que pondrán a la Ley de Reciclaje realmente en la calle, en la vida cotidiana de las personas. Y aún quedan muchos aspectos por resolver.

Según señalan en la industria, durante los últimos meses los distintos actores han ocupado su tiempo en la elaboración de estudios y análisis para contrastar posiciones a la espera de la convocatoria formal del comité, y aunque ciertamente el foco principal estará en las tasas de recuperación y valorización que se impondrán, entre los aspectos que se miran con atención están la eventual implementación de ecotasas, la existencia de criterios regionales de recolección y valorización, la capacidad instalada y las diferenciaciones por materialidad de los envases, entre otros.

Algunas luces al respecto ya se encuentran en un estudio encargado por el MMA para la implementación de la Ley de Reciclaje en este sector. Y allí se proponen, en base a la experiencia de algunos países de la Unión Europea, las definiciones de envases y embalajes, que se distinga entre domiciliarios y no domiciliarios, que se definan metas de recuperación por material en general y no por subcategorías, entre otras.

Por ejemplo, entre las recomendaciones del estudio está el que las metas de recolección se refieran especialmente a los envases y embalajes domiciliarios, dado que para ellos faltan estructuras de recolección selectiva, mientras que para gran parte de los residuos no domiciliarios estas ya existen. Y junto con ello, aunque la ley habla de metas de recuperación y valorización, se propone establecer una meta específica de reciclaje.

El desafío del plástico

Se estima que en Santiago, una ciudad con más de 7 millones de habitantes, existirían en la actualidad alrededor de 58 puntos limpios y 1.059 puntos verdes. Una cifra a todas luces insuficiente para la recuperación de residuos para el reciclaje, y que explican en parte que menos de un 10% por ciento de los residuos se recuperan o reciclan en Chile, una cifra que según el última Evaluación de Desempeño Ambiental de la OCDE para nuestro país es aun más baja y alcanza apenas a un 4%.

La tarea entonces es empezar a mirar los envases como un objeto de valor y no como un residuo, para incentivar su reciclado. Y allí, la mayoría de los ojos están puestos hoy en la industria del plástico, donde gran parte de sus desechos y su impacto está determinado precisamente por el área de envases y embalajes, que abarca a cerca del 40% de la producción de esta industria en Chile.

Para Marcos Segal, presidente del Comité de Economía Circular de la Asociación de Industriales del Plástico (Asipla), el plástico tiene cualidades como el desempeño, la inocuidad y relación costo-beneficio que lo hacen difícilmente reemplazable, pero reconoce que su gran externalidad está determinada hoy por su disposición final, donde la misma cualidad que lo hace muy positivo -su durabilidad- se transforma en un aspecto negativo cuando termina en el medioambiente.

Por ello, dice, hoy la industria trabaja con fuerza en el ecodiseño de sus productos. “Apuntamos a reducir la cantidad de material usada para producir un envase, reducir su peso. Lo otro es simplificar los productos empleados, de manera de fabricar en lo posible envases con un monoproducto. Si es un envase en polietileno, que todo sea de polietileno, incluso su etiqueta, para hacerlos perfectamente reciclables. Cuando esto es técnicamente imposible, si se usan dos materiales que estos sean fácilmente indentificables, y acá hablamos de ecoetiquetado para que se puedan descartar en forma separada”, explica.

Y aunque reconoce que hoy el foco está puesto principalmente en las metas de recolección y valorización, y en cómo se incorporará la materialidad en su definición, advierte que hay aspectos que aún están muy poco considerados en la discusión, entre ellos el rol que la cabe a los ciudadanos en el sistema.

“A mi lo que me preocupa enormemente, y viendo la experiencia internacional, es que no haya mucho foco -por no decir cero- en que podemos hacer muchos decretos pero si el ciudadano no quiere reciclar, no va a pasar. Podemos diseñar un monoenvase, tener centros de acopio, todo estructurado, pero si las personas no tienen un incentivo para reciclar no va a pasar nada. Aquí el papel central lo tiene el consumidor, el tiene que hacer el primer paso del reciclaje”, afirma.

Y agrega que “como comité ampliado de asesoría al ministerio, yo creo que ese papel no está muy contemplado. La industria lo puede tocar, va a tratar de fomentarlo con algunos fondos para educar a las personas, para campañas publicitarias, pero al final es un papel que le corresponde al Estado. Efectivamente en las generaciones más jóvenes o en algunas personas existe una conciencia ambiental desarrollada y ahí no va a haber problemas, pero yo no veo a la sociedad reciclando en forma masiva, porque eso es lo que necesitamos hacer. Eso algo que va a haber que discutir, porque si no el sistema se cae”.

Para Daniel Vercelli, gerente general de Coca-Cola Chile, “los consumidores tienen un rol clave, pues son ellos quienes tienen en su manos la decisión de optar por una u otra alternativa. El desafío para nosotros está dado por informarlos adecuadamente e incentivarlos a optar por envases amigables con el medioambiente, sean de PET (que es 100% reciclable) o retornables”.

En esa línea, agrega, “en Coca-Cola Chile hemos venido desarrollando acciones alineadas con el cuidado del medioambiente, como la implementación de puntos limpios, educación medioambiental, la reutilización y la reducción de plástico en nuestras botellas a través del ecodiseño”.
Retorno de envases, clave en la economía circular

En la economía circular, la premisa fundamental es que los recursos nunca dejen de ser útiles. Por eso no se habla de ciclos de vida, sino de ciclos de uso, entendiendo que cualquier material debe tener el máximo posible de uso para que, en un mundo ideal, nunca termine transformado en un residuo. Si se pone en una escala de relevancia o potencial de impacto, la primera es extender la vida útil de los productos los máximo posible (adiós a la “obsolescencia programada”), y en segundo lugar es reutilizarlos. La última alternativa, luego de varias otras, es el reciclaje.

Y allí los envases retornables comienzan a jugar un rol fundamental en el reciclaje del futuro, y probablemente también en la masividad que requerirá el sistema. Un estudio realizado en 2017 por Greenlab UC y Triciclos estableció que una botella de Coca-Cola de vidrio se usa hasta 35 veces, mientras que una retornable de plástico 12 veces, en comparación con el uso único que tiene una botella desechable. Y mientras que una botella desechable genera 35 g/lt de residuos, una botella de plástico retornable alcanza apenas a los 2,3g/lt y sus compenentes se reutilizan por completo posteriormente en otros empaques. Esto implica además una reducción de huella de carbono equivalente al consumo de 162 horas de carga de celular o 33 horas de uso de una ampolleta fluorescente.

“Con estos datos sobre la mesa, y considerando que la tasa de reciclaje en nuestro país bordea solo el 10%, en Coca-Cola Chile nos hemos propuesto impulsar el uso de este tipo de envases buscando crear conciencia entre los consumidores del impacto que tiene esta decisión de compra. Adicionalmente estamos llamados a cumplir el desafío global que la compañía dio a conocer a principios de este año: “Un Mundo sin Residuos”, que apunta a desarrollar acciones concretas para que de aquí al 2030 logremos recolectar la totalidad de los envases que genera nuestra operación para su posterior reciclaje y en paralelo, reducir la cantidad de plástico que utilizamos en nuestros empaques”, explica Daniel Vercelli.

Para Verónica De La Cerda, gerenta general de Triciclos, “en una escala de relevancia en la economía circular, primero hay que extender la vida útil de los productos y después reutilizarlos. Es decir, el uso puede ser corto pero después se le puede dar de nuevo el mismo uso, y ahí es donde caben las retornables. Eso es super virtuoso. En Chile, y en la mayoría del mundo, no hay tasas de reciclaje tan altas ni una industria tan sofisticada del reciclaje como para decir que conviene más reciclar que reutilizar”.

Los envases de todo tipo de bebidas representan cerca de un 25% de todos los envases y embalajes de plástico que se fabrican en el país, por lo tanto su preponderancia es alta al momento de analizar las metas de la Ley de Reciclaje, aunque todos coinciden en que es el producto más fácil de recuperar y de valorizar por lo que se asume como menos complejo en la discusión.

En términos generales, hoy cerca del 46% de las bebidas que se venden vienen en envases retornables, pero con una gran diferencia respecto del canal de venta: un 75% de las que se venden en almacenes y comercio minorista corresponden a botellas retornables, mientras que en los supermercados alcanza solo a un 9%.

Hay allí un espacio para crecer, que no ha estado excento de complejidades. Una de ellas, por ejemplo, fue la decisión de Wallmart en 2017 de dejar de recibir botellas retornables en 61 supermercados. “Aquí tiene que primar la colaboración entre todos, porque efectivamente el retail tiene un uso de espacio importante, y es el productor el que pone el producto en el mercado, y está el consumidor que tiene que llevarlo… Evidentemente aquí hay una logística y una utilización de espacio que probablemente debiera estar incorporada dentro de los costos del sistema. Son negociaciones comerciales que tienen que ir avanzando en pro de que esto sea efectivo”, afirma Verónica De la Cerda.

En paralelo, y como una forma de promover la retornabilidad, un grupo de senadores presentó en junio en el Congreso una moción para incentivar el envasado de bebidas en botellas retornables y prohibir las botellas desechables, al tiempo que establece la obligación de los comercializadores de recibir y gestionar la recepción de botellas por parte de los consumidores. Una propuesta que no fue bien recibida por la industria del plástico.

“Creemos que tienen que haber incentivos educacionales, ambientales y económicos para promover las cosas en la dirección que la ciudadanía quiere a través de sus parlamentarios, pero no con prohibiciones. En primer lugar porque prácticamente en ningún país se hacen prohibiciones, y en general no funcionan y conducen a otras externalidades. Prohibir el envase desechable de una bebida o un agua mineral no me parece que sea el camino, me parece que hay que fomentar la retornabilidad. Que los supermercados estén obligados a recibir envases retornables, por ejemplo”, enfatiza Marcos Segal.

Vercelli, por su parte, afirma que “es importante diferenciar, ya que existen diversos tipos de plásticos. Lo importante es avanzar hacia envases con 100% de reciclabilidad, y hacerse responsable por los impactos que cada industria produce en el entorno. En el caso de Coca-Cola, el PET que utilizamos es 100% reciclable. Mucho del debate sobre el plástico se ha centrado en el plástico de un solo uso, que efectivamente es un plástico que por su tamaño o composición no se puede reciclar y por ende no tiene un mercado de valorización como el PET. Es ahí donde entra el desafío del rediseño de los envases de los productos”.

Depósito y reembolso 

La discusión sobre las metas de envases y embalajes de la Ley de Reciclaje que se inició ayer también contempla otro aspecto que aún ha sido menos discutido: la creación de un sistema de depósito y reembolso (SDR) que ayude a recuperar algunos envases de forma eficiente.

En resumen, consiste en la realización de un pago (depósito) al adquirir algún producto en un envase, y luego al devolver ese envase recibe de vuelta el depósito pagado. Hoy este sistema se aplica en cerca de 40 países, principalmente con las botellas de plástico y vidrio, y las latas, entre ellos Canadá, Bélgica, Australia, Alemania y en cerca de diez estados de Estados Unidos. En general, los porcentajes de retorno bordean el 90% en algunos países, y en Alemania -paradigma exitoso de este modelo- en cerca de un 98%.

De acuerdo al informe contratado por el MMA que sirve de base para discutir la elaboración de los decretos, en Europa generalmente se distinguen los sistemas retornables de envases “reutilizables” de los sistemas retornables de “envases de una sola vía”, generalmente todos con depósito. Estos sistemas se conocen como SDDR, y mientras en Alemania es obligación por decreto, pero sin metas, en Bélgica y España es voluntario. Para Chile se propone dejar ambos sistemas -reutilizables y desechables- separados e independientes, sin cumplimiento de metas dadas sus altas tasas de recolección, así como definir y delimitar bien qué es un envase reutilizable, entre otros.

En esta materia no hay una visión unánime. Para algunos actores de la industria, no existe un buen juicio al respecto ya que si bien podría capturar un gran número de material de alto valor en términos de valorización, y ayudar en la ceración de una cultura de reciclaje, implica al mismo tiempo un alto costo en términos de infraestructura -por ejemplo la instalación de máquinas para recibir botellas- y de almacenamiento.

“La retornabilidad debiera ser la mejor opción, y el sistema de depósito y reembolso podría venir a interferir un poco porque se mezclan los números, habría que hacer un análisis más macro. Es una alternativa, pero siempre depende de la capacidad del país en términos de educación, capacidad instalada de reciclaje, capacidad de retornabilidad. Al final todo es súper subjetivo, y en la economía circular todo es muy local, depende de cómo está el país en términos de consolidación de su industria”, dice Verónica De la Cerda.

Por su parte, Segal dice que si bien este mecanismo existe en muchos países con tasas de éxito distintas, “mucha gente no está dispuesta, incluso habiendo pagado por el envase -generalmente 50 pesos o menos-, a retornarlo aun cuando en la etiqueta dice explícitamente que tiene cierto costo. Es un tema cultural y un tema económico también, hay que analizar en qué segmento y en qué lugar se podría implementar. Hay que ver qué regiones en Chile, y qué municipios, tienen las características para implementar algo de ese tipo”.